Mi?rcoles, 06 de mayo de 2009
Origen de los Reptiles.

La capacidad de los seres vivos vertebrados de evolucionar y conquistar definitivamente la tierra firme, dependería de la posibilidad de aumentar su tamaño. El mundo fuera del mar ofrecía un gran potencial de alimentación, para aquellas criaturas que se aventurasen a “colonizarlo”, existiendo además de la ventaja de la poca competencia de otros seres vertebrados, problema que si había en los mares prehistóricos.

 

Fueron los anfibios los primeros vertebrados que colonizan la tierra, pero sus limitaciones físicas le impedían permanecer fuera el agua de forma permanente. Seguían siendo criaturas semiacuaticas, por lo que sus cuerpos se adaptaban a esta en ambos medios, pero no de una manera especializada o definitiva. Si bien hubo anfibios grandes, de hasta tres metros de longitud, como el caso del Eryops, los anfibios necesitarían cambios sustanciales en sus cuerpos, que los llevaron a evolucionar en reptiles.

 

Dichos cambios, podemos enumerarlos en estos tres:

 

1)      La evolución del huevo con cáscara fue la innovación que permitió a los anfibios evolucionar en reptiles, y adaptarse definitivamente a la vida terrestre. A partir de entonces, los anfibios pudieron eliminar la vida larvaria acuática, ya que esta ahora se producía dentro del huevo. El huevo de un reptil es parecido al de  ave, con la diferencia de que la cáscara suele presentar consistencia de huevo y es más bien blanda, conteniendo además el huevo menos albúmina acuosa. Como el embrión debía ser autosuficiente en su alimentación, esta se obtenía gracias a la yema.

2)      La adopción de una piel de capa cornea que reviste las escamas o coraza. Este “cuero” les permite evitar la deshidratación, ya que era impermeable a la pérdida de agua.

3)      Los reptiles desarrollan un nuevo método para la respiración, consistente en la expansión y contracción de la caja toráxica, movimiento que les permita expulsar y aspirar aire de los pulmones. Los anfibios lograban lo mismo ventilando el aire con sus gargantas.

 

Otros cambios anatómicos menores, fueron el desarrollo de unas patas más largas con dedos también más largos. El movimiento sinuoso de la columna vertebral, junto a una mayor libertad de movimiento en el tobillo, le permitiría a los reptiles evolucionar en muy distintas formas y tamaños. El sistema circulatorio además, presenta diferencias con el de los anfibios.

 

La estructura craneal: Partiendo de las formas anfibias, los primeros reptiles tenían un cráneo simple, como una simple caja, con tan solo las aperturas nasales y oculares. Describiremos los cuatro tipos principales de los reptiles, que son, de hecho, los mismos del resto de los vertebrados que evolucionarían tras ellos.

 

1)      Cráneo Anápsido: Significa “sin arcos”, como el de los anfibios, y de los primeros reptiles, que aparecen hace unos 350 millones de años, a mediados del período Carbonífero (Pennsylvaniense). Los primeros reptiles se conocen dentro de la familia de los protorrotirrídidos, dicha ausencia de arcos, detrás de las cuencas oculares, le impedía a los primeros reptiles tener una mordida fuerte, ni abrían demasiado la boca. Anápsidos fueron los reptiles primitivos y los quelonios (tortugas actuales)

Cráneo Anásido, característico de los anfibios, primeros reptiles y de los quelonios.

 

El Westlothiana lizziae, es de una antiguedad de unos 350 millones de años (Carbonífero), aunque existe dudas de si se trata de anfibio o ya un reptil.

 

Los más antiguos reptiles fósiles conocidos, son el Westlothiana y el Hylonomus, ambos diápsidos.

 

2)      Cráneo Sinápsido: Se caracteriza por tener un arco temporal, que aparece al desarrollar los reptiles unos tendones que se anclaban en dichas aperturas, así los músculos de la mandíbula inferior lograban una mordida más fuerte y firme. A este grupo de reptiles pertenecen todos los protomamíferos, y los actuales mamíferos, con la diferencia de que en estos, el arco temporal se acerca y une, parcialmente a la cuenca ocular.

 


CRANE SINÁPSIDO.


3)
     
Craneo Diápsido: Tienen dos arcos temporales detrás de las órbitas oculares, estos reptiles los podemos dividir en dos grandes grupos: los lepidosaurios, que son todos los lagartos pequeños y las serpientes, con la excepción, en cuanto al tamaño, de los antiguos Mosasaurios. Se trata de animales de sangre fría, y en ellos, los dos arcos se han unido en uno solo grande, si se le compara con el primer reptil diápsido conocido, el Petrolacosaurus, que tenía la forma de una lagartija actual, pero posiblemente, podía correr sobre sus patas traseras. El esfenocodonto actual, la Tuátara, es muy parecida en su cráneo, al Petrolacosaurus. El segundo grupo de reptiles diápsidos es el de los arcosaurios, representados por los tecodontos (y su evolución, los dinosaurios), los cocodrilos y los pterosaurios. Los arcosaurios tiene además, otra apertura craneal entre las cuencas oculares y las aperturas nasales, que los caracteriza.

 

Cráneo Sinápsido, característico de los dinosaurios y pterosaurios.

cuarto tipo de cráneo, éste más controvertido, que sería el euriápsido. Los reptiles con este cráneo tienen una sola abertura, como los sinápsidos, pero situada a mayor altura que la de éstos. Presentaron esta característica varios grupos de reptiles acuáticos (plesiosaurios, ictiosaurios, placodontes y notosaurios).

Parece que esta característica se presentó en esos grupos del Mesozoico de forma casual, y no por ninguna razón genealógica que les emparentase más estrechamente. Por ello, muchos expertos lo descartan como subclase, y lo consideran una simple anormalidad de esos reptiles.

Este sería el esquema craneal euriápsido:

 

 


La máxima evolución en cuanto a la capacidad del craneo de evolucionar y adpatarse, para aligerrse y permitir una mayor mordida, la representan las serpientes, que son capazes de desarmar su cráneo, para tragar presas grandes.

Bibliografía:

Enciclopediade los dinosaurios y animales prehistóricos, Douglas Dixón.

Atlas Iustrado de los Dinosaurios, David Norman.

Atlas Ilustrado de los Pterosaurios, Pete Wenholler

Tras las huellas de los dinosaurios, Benton Michael.


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