Mi?rcoles, 06 de mayo de 2009

Todos conocemos el enorme individualismo y la conflictividad mutua que caracterizaba a las poleis griegas. Solo en caso de extremo peligro, como fue durante la invasión persa del siglo Vac, entendieron que solo unidas podían repeler al agresor; fue un momento en que el mundo occidental se la jugó entre su capacidad de auto determinarse entre los mismos ciudadanos, o quedar ante la la sumisión absoluta ante el déspota de oriente. Pero precisamente, este divisionismo y enfrentamiento crónico entre los griegos, fue lo que siempre evitó una posible Grecia unida en una sola nación en los tiempos antiguos.

 Basta con leer los intensos discursos entre Demóstenes e Isócrates, para entender las dos tendencias opuestas, entre seguir siguiendo polis autónomas e independientes políticamente, o reconocer la necesidad de que solo gracias a un gran líder, podía Grecia adaptarse a los cambios que el mundo antiguo experimentaba.  Y es que, el sistema de poleis independientes, estaba ya obsoleto, y pocos reconocían la necesidad de hacer, aunque sea, los primeros experimentos de unidad, quizás en lo que hoy conocemos como federaciones.

La necesaria unidad no podía emerger, lamentable y evidentemente, de un sistema democrático como el ateniense. No en vano, personajes como Platón, abandonaron su polis natal  ateniense, y se dirigieron al extranjero, a Siracusa, reconociendo que, solo por medio de un tirano dominante, como Dioniso II, podía ser convencido para lograr su soñado “Estado o Nación Ideal”, donde los filósofos gobernaran al país. Lamentablemente para Platón, el tirano siracusano ni le intereso ni entendió su proyecto.

Sería solo mediante un tirano carismático, que los griegos se verían quizás seducidos (parece que este sería el término adecuado), de experimentar con una unidad mucho más justa y equitativa que las anteriores “Ligas”, que lo único que lograban era la imposición de una polis dominante en prejuicio de las demás. Al final, los griegos no serían seducidos, sino obligados, a unirse, reconociendo como hegemón, a Alejandro, hijo e Filipo II, pero esa historia la conocemos todos bien.

En el año de 449 ac, se firmó la Paz de Calias, y a partir de ese momento, los persas dejaron de intervenir, de manera directa y militar, en los asuntos de Grecia, imponiendo Atenas la mayoría de las condiciones, fue el último triunfo de la democracia. Pero en un mundo donde el dinero se comenzaba a mostrar como instrumento de soborno y de persuasión al que pocos podían o quería resistirse, el famoso “oro persa” sería la nueva arma invisible, con la que los persas lograrían poner de rodillas a los griegos. Fueron justamente aquellos griegos que se preparaban solo para la guerra, y no se dedicaban a actividades económicamente productivas, los que cayeron seducidos ante el dinero de los persas, los admirados y poderosos espartanos. En la posterior  “paz del Rey”, o paz de Antálctidas, del 386, fue cuando ya las condiciones, en el fondo, no favorecían a los griegos, sino a los persas. A partir de este tratado, se impondra la política de la "autodeterminación" de los pueblos griegos, estrategia que favorcería a los persas, y que los espartanos tratarían de imponer por la fuera con su potente ejército, hasta que fue derrotadoen Leuctra.

Producto de esta paz inconveniente para los griegos, se suspendió uno de los primeros intentos de unión entre grandes poleis, la de Corinto con Argos. Sin embargo, no sería en poleis con regímenes oligárquicos ni democráticos, que se harían los intentos más duraderos de unidad, del tipo cercano a lo que hoy conocemos como federaciones.

La paz del Rey había significado el fin de las alianzas en Grecia y también el fin de la alianza Beocia. Mas o menos en este período, surgió en el norte de Grecia, en Tesalia, una nueva potencia. Su ascenso estaba ligado al del tirano Jasón de Feres. En Tesalia las rivalidades de una nobleza poderosa había impedido durante mucho tiempo el ascenso político. Hasta que Jasón, obligó enérgicamente a las partes antagónicas del país a unirse, no pudo éste lograr su experimento de unidad regional. Al igual que Dioniso de Siracusa, Jasón era un individuo de gran cultura e intereses intelectuales, siendo alumno de Georgias de Leontinos.

Mapa de la antigua Tesalia.

El ascenso de Tesalia no era bien visto, por supuesto, por el resto de los griegos, en particular por los lacedemonios. Si embargo, éstos estaban tan ocupados en sus propios problemas, que no podían intervenir e los asuntos en Tesalia. Al conquistar la ciudad de Farsalia, Jasón culminó su meta, era el único señor de Tesalia, y llevaba el título de tagós (jefe absoluto). Jasón de Feres pudo obligar a todos a reconocerle la posesión del titulo. El nombramiento de Tagós se decidía en la asamblea de la Liga, la cual se sabe que se reunía en el santuario de Atenea Itonia, y como todas las asambleas de este tipo, allí se decidiría la elección del Tagós llegada la ocasión, y en general, se tratarían los asuntos de común interés para el país. Tras la muerte de Jasón de Feres, el país vuelve a fragmentarse sin ninguna dirección política común, los sucesivos tiranos de Feres intentan detentar el codiciado puesto de Tagós pero (según la mayoría) ya nadie lo obtuvo hasta que años después Filipo de Macedonia se hizo con el.

Después de Jasón, Beocia, potencia hegemónica, vio la oportunidad e inmiscuirse en la región, mas, cuando Alejandro de Feres (sucesor de Jasòn) se alía a los atenienses, o mas bien, mantiene una estrecha relación con los mismos, las pretenciones de los boecios se interrumpen. Bajo la protección e inspiración de Tebas, los enemigos de Feres se unieron en una nueva confederación para de esta forma responder mejor al reto y la amenaza representada por Alejandro. Vemos ahora como esta confederación cuenta con una nueva asamblea dirigente que elige un nuevo cargo supremo, el arconte vitalicio, al que están subordinados los cuatro polemarcos (básicamente parece que sigue el modelo anterior pero adaptado a las circunstancias políticas del momento).

Gracias a Jasón, Tesalia estaba en condiciones de movilizar ocho mil jinetes y veinte mil soldados de infantería, lo que constituía una fuerza que ni siquiera la Liga del Peloponeso podía llegar a formar con gran esfuerzo. Pero la muerte de Jasón, en el 371 ac, acabó con esta fuerza militar, que pudo haber unido a los griegos, mucho antes que Filipo II y su hijo Alejandro. Claro está, nos hubiera gustado ver las cualidades de Jasón enfrentando a la falange “oblicua” del tebano Epaminondas, pero, de haberlas vencido, como lo hicieron Filipo y Alejandro en Queronea, pues quien sabe si en vez de Alejandro, el magno hubiera sido Jasón de Feres.

 Bibliográfía: Bengtson Hermann. Griegos y persas. El mundo mediterraneo en la edad antigua I. Siglo ventiun editores.



Publicado por GaetanoLaSpina @ 3:09  | Historia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios