Lunes, 11 de mayo de 2009

Entendemos como “poleis” o polis, las ciudades estados de la antigua Grecia. Sin embargo, no bastaría decir con que se conformaban con la ciudad en sí simplemente (con sus murallas, para aquellas que las tuvieron, a excepción de Esparta, que nunca las tuvo), sino que el término significaba una identidad que iba más allá de dicho espacio físico, aparte que la asociación o identidad de los ciudadanos de las distintas polis no era, dentro de su mentalidad, la misma ,es decir, un habitante del Ática podía ser ciudadano ateniense, si reunía los requisitos, mientras que en las poleis de las islas del mar Egeo, la situación no era igual, ya que la rivalidad, el espacio físico y la cercanía, junto a los intereses opuestos de las pequeñas poblaciones, impedían su unificación para constituir una sola polei.

 

En la Grecia europea es solo a partir del siglo VIII a.c. cuando podemos encontrar loas verdaderos antecedentes de la civilización helénica propiamente dicha. A partir de entonces, comienza a producirse un asombroso y fecundo movimiento de expansión de los griegos por toda la cuenca mediterránea, desde España hasta el mar Negro. Este es el fenómeno comúnmente conocido como la segunda colonización griega. Las costas de este mar se ven entonces sembradas por un gran número de poleis, que fueron al mismo tiempo centros de intenso comercio y foco de desarrollo e irradiación  de alta civilización. Bien puede decirse que con este fenómeno de desarrollo expansivo de la cultura griega, el centro de la civilización se desplazo a occidente.

En el mapa vemos la región del Ática, que era el espaio de la polis ateniense, o estando limitada sola a la ciudad de Atenas.

 

Frente a los grandes “Imperios Mundiales” que dominaron en el Asia, que concebía al hombre como un sujeto anónimo y carente de derechos frente al monarca despótico, los griegos ensayaron otro tipo de Estado, un sistema de pequeñas “ciudades” autónomas e independientes (poleis) cuya característica resaltante era que por allí se consideraba al hombre como ciudadano, es decir, con peso y posibilidades de participación en la vid política, y portador en si mismo de cierto valor frente al Estado. En efecto, los griegos fueron los primeros en concebir un tipo de Estado que no solo permitía, sino que exigía a todos sus miembros una real participación en los asuntos públicos.  Esta participación, más que un “derecho” (politai) (este concepto no existía para los griegos. La autoridad del polis era total, y frente a ella, el individuo no poseía derechos personales), era una obligación, pero una obligación ejercida con el deseo de portar lo mejor que cada ciudadano sentía podía aportar.

 

Sabemos que desde un punto de vista moderno, existían aún discriminaciones, y que las mujeres atenienses no participaban en la toma de las decisiones políticas, mucho menos los  esclavos y metecos, así como aquellos que ocasionalmente habitaban el Ática. Pero, los adultos atenienses, ese conjunto de ciudadanos (el demos) era concebido como una comunidad activa a quien competía discutir libremente y decidir sobre los asuntos del estado. Independientemente del la naturaleza o estructura del gobierno que rigiera en cada polis  siempre había alguna manera de que los funcionarios públicos fuesen responsables ante la Eclessia (Asamblea de todos los ciudadanos) que los había elegido y otorgado en sus poderes políticos.

 

Viendo las diferencias con los poderes imperiales del antiguo oriente (desde los sumerios hasta con los contemporáneos a los griegos, los persas), el poder político no tiene valor por si mismo, sino en cuanto a instrumento necesario para procurar el desarrollo físico y moral del hombre, siendo éste el centro de preocupación política, al contrario del Rey en oriente el cual estaba divinizado. De esta manera, el ciudadano no era un ente sumiso ante el poder político totalitario, sino que integraba un poder político compartido y humanizado. Este ciudadano vive en libertad, pero esta dispuesto a sacrificarla en función a un interés común con sus compañeros ciudadanos, iguales a él, con el fin de compartir una vida común en armonía, cosa solo posible para el griego, en su polei.

 

Vemos que se trata de una identificación y un conocimiento con el prójimo, como si se tratase de viejos vecinos conocidos, donde se sienta que existe una confianza  y un conocimiento en la manera e pensar de los demás. Esto solo se podía conseguir en espacios físicos/políticos o geográficos reducidos, en contraposición de la idea de unidad imperial oriental. Aquí resalta la idea del hombre, en Aristóteles, que lo definió como “zoom politikon” (animal que vive en la polis), ya que solo en la polis podían los hombres desarrollarse armónicamente, este es su medio natural e idóneo de existencia, fuera del cual solo los “bárbaros” podían vivir, a menos que se tratase de los mismos dioses del Olimpo.

 

No debemos confundir esa antigua libertad de los griegos con el ideario liberal de la modernidad, donde se reconocen en los hombres derechos inmunes frente al poder del Estado. La autoridad de la Polei era ilimitada para los griegos, la libertad radicaba en que el poder de la polis n se expresaba de manera caprichosa o arbitraria, sino gracia a u conjunto de leyes-costumbre, que fueron establecidos libremente y respetados en las sucesivas generaciones. En la fijación de estas normas de convivencia, radicaba precisamente la  autonomía de la polis, estando a su vez la garantía de libertad sometida es esas normas, que eran iguales para todos. Es en definitiva, una especie e equilibrio entre la validez general de la ley y la particularidad de la voluntad general.

Vemos pues, como se trata de un concepto del Estado tan opuesto al nuestro, el cual es mucho más impersonal, abstracto y grande, tan variado y complejo en intereses diferentes entremezclados. Hoy en día somos representados en los poderes de los estados “democráticos” de manea indirecta, donde un solo individuo puede representar a miles en el Senado, mientras que en la Ecclesia, cada ciudadano tenía la posibilidad de hacerse sentir e imponer sus ideas en viva voz, si era buena en la oratoria. De manera que, no era necesario para los griegos, la elaboración de lo que hoy en día conocemos como Constitución.

 

Esos pilares se mantuvieron por  mucho tiempo firmes, a pesar del surgimiento de dos principales “partidos”, en la época clásica, entendidos en el oligárquico aristocrático (cuyo predominio estuvo siempre estimulado por los espartanos, en el resto de Grecia), y el democrático, encabezado por Atenas, ciudad que incluso impuso dicho sistemas en poleis, que llamaba “aliadas”, muchas de las cuales tenían regímenes oligárquicos, los cuales fueron cambiados por otros democráticos, algunas veces a la fuerza, dentro de lo que fue la Liga délica.

 

Pero sabemos bien que Grecia no fue una región perfecta desde el punto de vista social, reinaba, como siempre, muchas desigualdades, y ese descontento social, cuyo primer exponente fue la esclavitud por deudas, fue hábilmente explotado por personajes como Pisístrato, en cuya tiranía podemos ver la mayor negación a lo que era la verdadera razón de ser de la polis, al no sentirse obligado el tirano a rendir cuentas ante los ciudadanos, ante la Ecclesia. Claro esta, las tiranías se imponían, en su comienzo, por una popularidad basada mas en el resentimiento social, que en una verdadera simpatía hacia el tirano, ya que en esa época se desconocían los medio de comunicación de hoy en día.

 

Debemos rastrear la evolución de la polis desde el siglo IX a.c., hasta finales del siglo IV a.c., cuando desaparece la independencia de las polis griegas, por efecto del sometimiento macedónico, tras la batalla de Mantinea. Ya en las conquistas de Alejandro Magno hacia el oriente, los griegos pasaron a ser “aliados” de los macedonios, aunque su compromiso llegaba hasta la liberación de las ciudades griegas bajo el yugo persa en la Jonia, y no la conquista del gigantesco imperio persa.

 

Durante los siglos VIII-VI a.c., durante lo que se conoce como la época arcaica, la monarquía fue rápidamente absorbida por regímenes aristocráticos (aunque en esparta hubiesen dos reyes, era una oligarquía), que dominaron hasta mediados del siglo VII a.c., cuando los legisladores o tiranos introdujeron reformas en casi todas las poleis, comenzando a conformarse distintos regímenes, ya sean oligárquicos o democráticos.

 

Durante los siglos V y VI a.c., en lo que se conoce como época clásica, vemos el apogeo (victoria en las guerras médicas) y la decadencia de la polis (consecuencia de la desgastante Guerra del Peloponeso). En las guerras médicas, la principal vencedora fue Atenas, ya que contaba con la mayor flota de guerra, y gracias a la cual fundó la Liga de Delos, cuyo objetivo principal era la defensa y lucha contra los persas. Fue en esta época, la e las guerras médicas, cuando los griegos cobraron conciencia de su poder como gran pueblo unido. La victoria significo el triunfo del derecho público y privado, aún en gestación;  de las instituciones libres, frente a la sumisión del colectivo frente al déspota divinizado. Fue en esta época cuando, podemos afirmar, se salvo nuestras costumbres de vida social y política, es decir, nuestro mundo occidental.

 

 Pero los atenienses impusieron sus intereses a sus aliados, militarmente más débiles, con su Liga de Delos.  Tras la Paz de Calias, los conflictos de intereses entre las distintas polis comenzarían a forma dos polos opuestos, entre Atenas y Esparta, saliendo airosos los lacedemonios, al final de la Guerra del Peloponeso.

Isocrates, era partidario de la unidad griega con los macedonios a la cabeza, al contrario de las ideas Demósstenes.

 

 

Durnte este dinámico siglo IV a.c. vemos en la guerra del Peloponeso, el agotamiento espiritual y materal de Grecia, en los intentos de Atenas, Esparta y Tebas, en romper los estrechos cuadros de la polis, para tratar de constituirse en unidades políticas mayores, así sea contando con el apoyo del oro persa, para en el caso de su apoyo a esparta, como nos cuenta Jenofonte. Se había perdido así el respeto a las autonomías, ya que cada ciudad, a su turno, quiso imponer su régimen político. Este deseo de las principales polis por imponerse entre ellas mismas, acabó por volverse contra ellas mismas, y la unidad de Grecia, se volvía así en una necesidad de su tiempo. Así lo entenderían las mantes más lúcidas de su tiempo, como el caso de Isócrates

continua.

FUENTES

1) Hurtado Leña, Miguel. Introducción a la Historia Antigua.

2) Kikko, Los Griegos.

3) M. Finley. La Grecia Antigua.


Publicado por GaetanoLaSpina @ 0:33  | Historia
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