Viernes, 17 de julio de 2009

Desde tiempos remotos, los humanos trataron de recordar los hechos del pasado. Al principio esto se hacia por medio de relatos orales, que al repetirse de generación en generación se convertían en una verdad aceptada por la mayoría del colectivo. Así surgieron los mitos y las leyendas, cuya influencia todavía perduraban en la Antigüedad y hasta comienzos de la Edad Moderna.

Pero deberíamos pensar, cual es la intencionalidad de estos relatos. Se trata simplemente de un deseo altruista de contar y recordad los hechos pretéritos, con el cual de tener presente el origen del universo, el mundo, la naturaleza, el hombre y su la sociedad? O existió muchas veces una intencionalidad específica, ya desde estos primeros relatos, que hoy conocemos dentro del campo de la mitología?

Libros como la Biblia hebrea, constituyeron, en su momento, la verdad acerca del pasado de aquel pueblo, que pocos en su época trataron de discutir. Pero con el transcurrir de los siglos, el espíritu crítico y curioso de los hombres, quiso cada vez mas discutir o poner a prueba los hechos que sobre el pasado se relataban, sean por vía oral o escrita. Títulos como “el libro sagrado” cada vez le valía como infalible a menos personas, dentro del aspecto histórico que tratamos (no nos referimos al aspecto de la fe, evidentemente, es otro asunto).

 

Desde el siglo XVIII, la historiografía dominante añun estaba bajo la influencia de iluminismo volteriano, que en su gran obra, el Siglo de Luis XIV, nos quería decir que la historia, junto con los grandes avances de la civilización de su época (cuyo gran represntante era, claro esta, el régimen de Lis XIV), había llegado a su mejor momento. Concebía a la historia en función de los progresos logrados por las luces sobre las tinieblas , la ciencia sobre la superstición y el pensamiento racional sobre el oscurantismo. El siglo XIX verá aparecer movimientos como el Romanticismo y el Liberalismo inglés y, a la sombras de estos, el Positivismo., con su rama en el Historicismo, que lograría imponerse en la mitad del siglo.

Auguso Comte, padre del Positivismo.

 

El siglo XIX es naturalista por excelencia y por eso la primera intención de los positivistas fue aplicar a la interpretación de la historia el método de la ciencia natural. Podríamos resumirlo, de manera simple, así: Primero se trata de comprobar rigurosamente los hechos, luego se trata de descubrir sus relaciones causales y, finalmente se generaliza por inducción para llegar a leyes fijas que rigen los procesos.

 

Desconfiados de todo lo que provenía del siglo anterior, los historiadores se dedicaron a la tarea de comprobar por si mismos “objetivamente” todos los hechos que pudieran a la luz del llamado “método de la crítica filológica”, aplicado a las fuentes históricas. El método consistía en negarse en ver en los textos clásicos un todo válido veraz de principio a fin; aquellos textos debían ser sometidos primero aun riguroso proceso de critica externa para distinguir los elementos utilizables de los no utilizables como fuente histórica, los auténticos de los no auténticos. El historiador debía establecer claramente las partes del texto que podían ser dignas de créditos de las que no lo eran. Un segundo paso era la crítica interna de las partes dignas de crédito para establecer la intención del historiador/escritor al escribirlas y la concepción dominante en su pensamiento; asi podría descubrirse  su carga de “subjetividad” que el historiador moderno debía rechazar para quedarse solo con lo “objetivo”, lo que no había sido distorsionado por lo fines o intenciones del autor del texto

Benedeto Croce, uno de los padres del Historicismo.

Quso el historiador decir la verdad? Y si es así, estaba en capacidad de hacerlo? Eran las preguntas básicas que debían hacerse. El autor romano Tito Livio, fue uno de los primeros en “sufrir” este nuevo juicio metodológico.

 

Para complementar las fuentes escritas, también durante el siglo XIX, se comenzó a complementar el estudio de los textos históricos  con las evidencias físicas como los restos arqueológicos, estudio de monedas, la jurisprudencia romana, sellos, etc.

 

Se llegó luego a la conclusión de que, a pesar de la similitud de los hechos históricos en el tiempo y en el espacio, cada hecho histórico era un fenómeno “singular” y por lo tanto irrepetible. Por lo tanto, se debió renunciar a la aspiración positivista de formular leyes que rigen el proceso histórico. Así surge lo que conocemos hoy como Historicismo, es decir, la posición que limita a la mera  observación de los hechos singulares concretos y a su descripción y observación de manera sistemática y “objetiva”. El historiador debe renunciar a toda generalización, a toda valoración.

 

El Marxismo:

 El primer cambio de orientación en el rumbo fijado por el Positivismo, tanto en la concepción de la historia como en el método del historiador, proviene de la filosofía  Engeliano-Marxista, que se forma en la segunda mitad del siglo XIX.

Los fundadores del materialismo Histórico aceptaron la tradicional división en Eras (Antigua, Media, Moderna y Contemporánea) pero lo asimilaron con los modos de producción dominantes en cada una (esclavista, feudal, capitalista y una futura presunta comunista). Propusieron la idea de estrucutura económica (infraestructura: modo de producción, tipo de propiedad, relaciones sociales de producción,  y la Superestructura: leyes, costumbres, etc).

Los intentos del positivismo de establecer leyes universales en la evolución de las sociedades humanas, parecían establecidos por el marxismo, pero por distinta vía.

Fuente: Hurtado Leña. Introducción a la Historia Antigua. 

 CONTINUA.


Publicado por GaetanoLaSpina @ 23:00  | Historia
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