sábado, 01 de agosto de 2009

Una estructura imperial requiere dos cosas esenciales: una administración organizada y la lealtad política de los súbditos[1] . Esta cita nos podría sintetizar en parte los esfuerzos hechos por los reyes de la dinastía Maurya (Chandragupta, Bindusara, Ashoka) en el reino Indú de Magadha; para conseguir un imperio modelo grande y próspero en donde tanto súbditos como gobernantes conviviesen en la mayor armonía y felicidad posible. Inicialmente debemos entender el proceso que se produce en el sistema económico de la India a partir de la llegada de los arios (indoeuropeos), y entender el funcionamiento del llamado “sistema de castas”, caracterizado por ser estático en el sentido de no permitir el ascenso ni descenso de un sector (casta) a otro. Esta situación causaba el descontento o inconformidad de una gran parte de la población, que con el pasar del tiempo, se sintió con virtudes suficientes como para pensar que era el momento de tener mayor participación o reconocimiento social –con sus privilegios- que siempre se les había negado. En este contexto surgirán corrientes de pensamiento opuesta a las previamente existentes y admitidas, que serán la alternativa para aquellos sectores mayoritarios de la población que se sentían desplazados por el sector minoritario dominante política y socialmente.

 

    La anterior cultura Harappense subsistió gracias a una desarrollada actividad agraria, que permitió la aparición de un sector de la población que ya no necesitaba trabajar las tierras para poder dedicarse a otras actividades, tales como la artesanía, albañilería, carpintería, etc. El intercambio de productos entre regiones distintas evolucionó en un fluido comercio y en la aparición de grandes ciudades como Harappa y Mohenjodaro, que fueron centros de distribución, almacenamiento, etc. El río Indo sirvió de conexión entre los distintos poblados así como con el océano, para poder transportar los productos y mercancías; de la misma manera que el río Ganges serviría siglos después, durante el imperio Maurya. La llegada de los arios hacia el 1500 a.c., hizo desaparecer a la cultura Harappense; progresivamente fueron invadiendo las zonas agrícolas para implantar -inicialmente- la ganadería, ya que eran seminómadas y por lo tanto, no constructores de ciudades. La vaca era de gran valor económico para los arios, pero al aumentar la importancia de la agricultura desplazando a la ganadería, estos animales terminaron siendo considerados sagrados. Al parecer hubo un desplazamiento de la población autóctona, que eran de color de piel más oscuro (dasas), siendo utilizado por los arios para trabajar sus tierras, ya que estos se hicieron sedentarios y se dedicaron también al cultivo.

    Los descendientes de las tribus arias conquistadoras supieron imponer una ideología mediante la cual lograrían dominar tanto a los pobladores originales como a los sectores mestizos más pobres. Surgen así dos polos sociales bien diferenciados, por un lado los guerreros terratenientes y los sacerdotes (ksatriyas y brahmanes), por otro lado el pueblo común, formado por comerciantes, artesanos y campesinos libres (vaishyas) y los campesinos inferiores, en su mayoría prearios (sudras y drávidas). Existía además el grupo de los parias o “intocables”, relegados a las tareas más bajas y ritualmente impuras.


El Imperio Maurya en su máxima extensión territorial, por el año 265 a. C., en tiempos de Aśoka el Grande.
    De manera que el nacimiento de las personas era lo que determinaba su posición en las distintas castas, pero aún así, este sistema no impidió una amplia asimilación racial y cultural. La distinciones de color como principio real de discriminación perdieron importancia, aún cuando no desaparecieran por entero... El matrimonio entre personas de distintas raza estaba permitido, siempre que la mujer fuera de rango inferior y ambos pertenecieran a la sociedad aria.[2]
   Al principio, el rey védico fue ante todo un jefe militar[3], posteriormente se le dio carácter divino, y los únicos capaces de investir al rey con esa autoridad eran los brahmanes, ya que servían como intermediarios entre los dioses y la humanidad. El ritual más importante con el cual se le daba legitimidad al rey era el sacrificio del caballo (ashvameda); suponía la muerte de gran cantidad de animales, lo que convertía al ritual en un acto sumamente costoso. Llevar a la práctica tan elaborado ritual implicaba la existencia de un sistema religioso y político diferenciado, con recursos económicos sustanciales derivados no solo de la expropiación del producto local y la fuerza de trabajo, sino también de asentamientos estables y la práctica agrícola sistemática[4]. De manera que tanto ksatriyas como brahmanes eran los únicos que tenían la posibilidad de obtener el control político y social, ya que los guerreros además de tener sus propias riquezas, usurpaban las tierras y animales de los más pobres, mientras que los sacerdotes tenían la facultad de transmitir el poder de los dioses.

 

   Estas castas logran imponer la creencia en la que la posición social (casta) de las personas es el resultado de su comportamiento en la vida anterior. Si el individuo tuvo una vida muy correcta y benévola, su alma reencarnaría en la vida siguiente como ksatrilla o brahmán. Un comportamiento incorrecto supone reencarnar en una casta inferior. La teoría de la retribución kármica fue empleada para consolidar el sistema de castas mediante la imposición de la obediencia o las reglas de castas como condición previa para la salvación o, al menos para la obtención de un mejor nivel social en la siguiente encarnación.[5] En el siglo VI a.c. comienza a surgir una reacción a esta ideología del Brahmanismo, a través del Budismo y el Jainismo. Curiosamente, el padre de Buda era el jefe ksatrilla de su tribu.

 

    El Budismo se opone, no de manera directa y abierta, pero si en sus prédicas, a las idea del hinduísmo:

 

       Ningún brahmán lo es por nacimiento
       Ningún paria lo es por nacimiento
      Un paria lo es por sus actos
      Un brahmán lo es por sus actos[6]
    Es una crítica al sistema de castas, y lo más importante, representa una alternativa para los sectores de la población que se sienten relegados por las dos castas dominantes, al surgir una posibilidad de salvación –me atrevería a decir, hasta de ascenso social-.La salvación se logra a través del nirvana, al cual se llega por el  “camino medio” , es decir, manteniendo un comportamiento armónico en la renuncia a los deseos, pasiones y necesidades mundanas, a través de la sabiduría espiritual. Se descarta la idea del alma, ya que lo que se reencarna son los “factores vitales”, (sensaciones, carácter, personalidad, la conciencia de quienes somos). Se ofrece así una salvación universal al alcance de todos, ya sea a través de  una reencarnación “mejor”, o liberándose de los ciclos kármicos  alcanzando el nirvana.


Capitel de Ashoka, es hoy el escudo aoficial de la India.
    Como era de esperarse, la doctrina budista empezó ha tener adeptos rápidamente, no solo en los sectores de la población más desposeídos, sino también en algunos gobernantes cuya sensatez les permitió ver en el budismo una útil herramienta para dominar a la población. La organización política en la India había evolucionado desde las tribus independientes y tribus confederadas (repúblicas) donde existía una asamblea con representantes de cada tribu. El incremento de la actividad agrícola y comercial ayudó a la formación de reinos que luchaban entre si por la supremacía territorial, especialmente en la región del Ganges, zona de ricas tierras y principal vía comercial fluvial. Vemos como ahora coexisten dos fuentes básicas de riqueza, las tierras cultivables que en su mayor parte pertenecían a los grandes terratenientes ksatriyas, y el comercio, que se hizo más intenso al aumentar el número de industrias y productos artesanales.. Los vaishyas serían la casta que paulatinamente se venía enriqueciendo, al aumentar su poder económico formaron un poder que debía ser tomado en cuenta por las dos primeras castas. Los dirigentes de los gremios en los centros urbanos tenían el control de hecho de las instituciones urbanas, pero el código social les negaba la posición a la que pensaban tener derecho”.[7] Estos “nuevos ricos” se sintieron atraídos por el budismo, no precisamente para llegar al nirvana, pero si como una ideología “religiosa” y moral que les servía para contrarrestar al brahmanismo que los relegaba socialmente. Obviamente a los sectores más pobres y menos ambiciosos de la población (sudras), el budismo debió parecerles la opción más atractiva para liberarse de los prejuicios sociales sin llegar a convertirse en ascetas. La doctrina budista fue rápidamente esparcida gracias a la construcción de templos y monasterios en donde se formaba a los misioneros encargados de emprender largos viajes especialmente a través de la ruta de la seda por la cual arribaron a China, donde posteriormente el budismo se impondría.


RETRATO IMAGINARIO DE ASOKA.
    Los reinos de Kosala y Magadha fueron los que se disputaron la zona del valle del Ganges, imponiéndose el de Magadha. Bimbisara fue el primero de los reyes indios que subrayó la necesidad de contar con una administración eficiente[8] , además de fomentar la construcción de caminos. Fue asesinado por su hijo Ajatashatru, el cual construyó un fuerte que con el tiempo se convertiría en la capital Pataliputra. Padre e hijo conquistaron el nororiente de la India, controlando así el lucrativo comercio del río Ganges. Les sucedieron la dinastía de los shisunaga y la de los Nandas, esta última fue la primera que no provenía de casta ksatriya , al igual que la de los Mauryas, fundada por Chandragupta luego de usurpar el trono. Este logró extender el imperio de Magadha hacía el noroccidente de la India, aprovechando el vacío político dejado por Alejandro Magno en el valle del Indo; llegó a vencer a Seleuco Nicator en el actual Afganistán (303 a.c.). Su hijo y sucesor Bindusara anexó la región del  Dekán (297) y su nieto Ashoka (Piyadassi) conquistó la región de Kalinga (260), vital para las comunicaciones con el sur de la India. Se dice que su conversión al budismo fue inmediata debiéndose a su compasión y al horror a la guerra después de la vencer al ejercito de Kalinga en una gran batalla en la que hubo miles de muertos y heridos. Pero esta afirmación seguramente sea quizás producto de la propaganda hecha durante el reinado de Ashoka, el cual quería representarse como un rey benévolo y justo. Probablemente, Ashoka sentía cierta simpatía hacía el budismo con anterioridad –aunque no lo manifestase-, pero seguramente fueron sus conocimientos sobre los sentimientos y manera de pensar de la gran mayoría de la población, lo que determinó su definitiva conversión al budismo, llegando a convertir en política de estado su difusión. Ashoka necesitaba tanto de la mayoría sudra para desmontar montes y bosques necesarios para el cultivo, así como del apoyo de los vaishyas para lograr un comercio efectivo que trajera prosperidad al imperio. Para tal fin creó la idea de “Ley Sagrada” (Dharma), la cual se encargó de hacer conocer en todos los rincones del imperio, cuyos territorios se encontraban por primera vez bajo la seguridad de un gobierno estable y centralizado. El imperio estaba dividido en cuatro provincias en los que Ashoka designaba a un “virrey”, estos a su vez designaban a funcionarios para las labores administrativas y judiciales en las provincias de menor tamaño. Cada aldea tenía sus propios funcionarios, tales como jefes, responsable del contador y del recaudador de impuestos...El superintendente de la ciudad aplicaba la ley, mantenía el orden.[9] 

 

    En los “Edictos en los Pilares”, Ashoka nos muestra su intención de mantener el orden social, estimulando y manteniendo feliz a la población, por ejemplo dando ciertas gratificaciones a aquellos laicos que prestasen servicios a los monjes misioneros. Oyendo esto el pueblo sentirá reverencia y se elevará y crecerá grandemente en el crecimiento de la Ley Sagrada”. Esta se basa en la idea de Dhamma (Dharma, en sánscrito). Se basa en la “Rueda de la Ley” de las enseñanzas de Buda, las cuales debían esparcirse por todo el imperio; vemos pues como Ashoka aprovecha el budismo como un instrumento de control político y social, el budismo en su tiempo no  era solamente una creencia religiosa, sino también un movimiento intelectual en muchos niveles que influía sobre muchos aspectos de la sociedad[10] . El Dharma se basaba en varios principios básicos, de los cuales Ashoka destacó la tolerancia y la no violencia, Este concepto implicaba tanto una renuncia a la guerra como a la conquista por medio de la violencia.[11] Vemos aquí la conveniencia política de aplicar estos principios casualmente después de la guerra con Kalinga, y no antes. El interés político también contribuyó a la participación dentro del gobierno de aquellos sectores sociales que anteriormente no se les daba oportunidad; ahora se tomaba en cuenta las cualidades personales sin importar la casta.

 

    Existía también la necesidad de mantener un estricto control y supervisión. Para difundir el Dharma, Ashoka se valió de numerosos misioneros, algunos de los cuales no solo tenían la misión de difundir la doctrina y la moral budista, sino que también hacían el papel de espías. El Arthashastra recomendaba valerse frecuentemente de espías y afirma que deben trabajar disfrazados de monjes....[12] Muchos misioneros eran también comerciantes que se trasladaban incluso más allá de las fronteras del imperio. Podemos decir que los misioneros eran como comunicadores de la ideología del gobierno en los principales centros de predicación y en las regiones más remotas del imperio, además de servir como informantes a las autoridades de Pataliputra.

    Fragmento del 6to Decreto del pilar de Aśoka. Museo Británico
Pero un imperio de gran extensión preocupado en hacer notar de manera permanente su existencia hasta en las zonas más lejanas –fronterizas- bajo su control, necesita algún tipo de señalamiento ubicados en sitios claves, para esto se erigen pilares de piedra en los cuales se esculpían los edictos con las ideas morales básicas que el estado quería dar a conocer. Estaban escritos en el idioma del lugar donde se encontraban erigidos, y venían acompañados de dibujos en relieve, con motivos bucólicos. Es interesante su similitud con los pilares de Persépolis, siendo evidente el contacto cultural con el anterior imperio persa. Además de servir como señal de advertencia a los merodeadores fronterizos, los pilares también se encontraban en lugares de gran peregrinación donde se predicaba el budismo, allí llegaban personas de todos los estratos sociales. Los pilares contribuían ayudando a difundir mejor las ideas morales del Dharma; parecía que la gente del imperio mauryano necesitaba un enfoque o perspectiva común para enfrentarse a todas las fuerzas divergentes, algo que pesara sobre todo y les diera sensación de unidad.[13]

 

    Una debilidad que tuvo la política de Ashoka, el Dhamma, fue que era demasiado dependiente del personalismo tanto del rey como de los jefes de provincias, debido a que cada uno de ellos designaba de manera directa a sus subordinados en sus cargos. Al haber cambios de gobernantes, la organización burocrática del estado quedaba prácticamente desmantelada, perdiéndose el orden social establecido, surgiendo de nuevo las tensiones sociales y los conflictos de intereses; “las predicaciones de la Ley Sagrada han sido hechas predicar por mi” , esto valía para tanto para Ashoka como para sus sucesores, estos últimos no tuvieron las cualidades necesarias para mantener unido a tan extenso y complicado imperio.

 

     Podemos concluir que todo gran imperio antiguo necesitaba apoyarse en una ideología que tenga un alto grado de aceptación en la población, a la vez que podían adaptar creencias morales y religiosas a sus necesidades. También necesitaba de un  sistema de propagación efectiva de las normas y leyes, formado tanto por predicadores como por monumentos o avisos que contribuyeran a difundir las normas para mantener el orden social.

 



[1] Historia de Asia. Tapar Romila, p-109

[2] El Mundo Antiguo. Garraty-Gay. J.P.

 

 

[3] Historia de la India. Tapar, Romila. p-39.

[4] El mundo Antiguo. Garraty-Gay. J.P. p-171.

 

 

[5] Idem. p-175.

 

 

[6] Idem. p-176.

 

 

[7] Historia de Asia. Tapar Romila. P-98

[8] Idem. p-64

 

 

[9] Idem. p-101.

 

 

[10] Idem. p-104

 

 

[11] Idem. P-106

 

 

[12] Idem. p-102

BIBLIOGRAFÍA

 

 

1-     Tapar, Romila. Historia de Asia. Fondo de Cultura Económica. México. 1969.

 

2-     Garraty, Gay. Jhon, Peter. El Mundo Antiguo. Historia Universal-1. Editorial Bruguera. Barcelona. España. 1981.

 

 

[13] Idem. P-104

 

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 22:06  | Historia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios