Martes, 08 de junio de 2010

La revolución industrial inglesa, con sus adelantos tecnológicos, en especial la mejora en la fabricación de aleaciones de hierro, los adelantos en materia de propulsión con combustible fósil (carbón) y luego a vapor (principio básico conocido desde la antigüedad, y aún hoy en plena vigencia), se expandió rápidamente por todo Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, Rusia, y finalmente, hasta el lejano Japón, tras la revolución Meidji. El afán de estas potencias por conseguir materias primas en los continentes tecnológicamente atrasados, como Suramérica, África y Asia, condujo a estas naciones a una carrera armamentística, cuyo máximo exponente eran sus flotas de guerra. Gran Bretaña llevaba la delantera, desde mediados del siglo XIX, tras la victoria de Nelson en Trafalgar, al vencer a los franceses y españoles. Francia quedaba en segunda posición, seguida quizás de Italia, Rusia, y una emergente Alemania, recientemente unificada, tras su victoria sobre Francia, que tuvo un siglo XIX bastante tortuoso.

La carrera armamentística naval se inicia con el inevitable cambio de táctica de combate en el mar, que inevitablemente se ve venir. Ya el armamento naval de cañones de lado y lado de los barcos, no parece ser la forma ideal de lucha, barcos más rápidos y maniobreros, y otros que además, comenzaban a llevar corazas, que aparece para contrarrestar a los proyectiles explosivos. Se regresó entonces a armas del pasado, y el espolón de proa se puso de nuevo, temporalmente, de “moda”, tras los resultado, engañosos, de la batalla de Lissa (1866), donde la flota austríaca venció a la numéricamente superior italiana.

Los grandes cambios en materia de diseño militar naval, parecieran comenzar por la década de 1860. El acorazado Agincourt tenía aún sus cañones a los costados, pero combinaba la propulsión a vapor con las velas, esta característica se mantendría unas décadas más. Su blindaje consistía en planchas de hierro sobre un mayor espesor de madera, en realidad estas primeras corazas era solo un revestimiento hecho de placas de hierro. Otro cambio es el que se refiere al armamento: Los cañones de avancarga y ánima lisa se sustituyeron por los de carga por la recámara (o retrocarga) y rayados de cierre. Estos cañones podían disparar proyectiles explosivos: ya en los años 40, los franceses los utilizaron exitosamente frente a los turcos y rusos, en la batalla de Sinope (1853).

El Agincourt, fue un ejemplo de los primeros barcos acorazados, combinando vapor y velas.

El blindaje de protección era la solución al avance en la mejora de la munición en el armamento. El francés Gloire, de 1859, fue el primer acorazado moderno del mundo, al tener un ancho cinturón de hierro forjado que iba desde  debajo de la línea de flotación hasta la cubierta superior, reforzado por 65 cm de madera debajo. Un año después, la Royal Navy estrenó al Warrior, primer buque de guerra en tener casco acorazado totalmente de hierro.

El francés Gloire, primer acorazado de tiempos modernos.

HMS Warrior, contrapartida inglesa al Gloire, se conserva hoy en Portsmouth. Comenzaron la gran carrera armamentística de acorazados modernos.

El siguiente paso evolutivo en el armamento, fue la sustitución del armamento a los lados por las torres artilleras giratorias. El oficial británico Cowper Coles escribió al Almirantazgo en 1861, afirmando que se comprometía a inutilizar y capturar al Warrior en una hora!, utilizando un barco de diseño propio, cuyo costo era la mitad del Warrior. La innovación de Coles, que lo estimuló a tan osado reto, fue su creación de la torre giratoria, que equipaban al buque Prince Albert en 1864. El Almirantazgo aceptó el reto, las torres giratorias podían apuntar a su blanco mucho más de prisa que cualquier barco con los cañones alineados a los lados. Sin embargo, no pudo igualar al Warrior en el océano, al tener escaso aparejo de vela y máquinas de vapor de poca potencia para un casco y unas cuatro torretas blindadas de 112 toneladas cada una, con cañones de 229 mm, y manejadas a mano. En 1869, Coles insistió con su buque Captain, en el cual colocó sus torretas artilladas muy bajas en el casco, para evitar que los mástiles estorbaran el tiro. Pero está disposición hizo que la barco fuera poco marinero, y en una prueba ocurrió una tormenta, que hundió al barco y a su tripulación, incluyendo al propio Coles.

HMS Captain en 1869. Veanse las torretas diseñadas dobles por Coles, quien naufragó junto a este barco.

Torreta Coles (movida por personas) y la torreta Ericcson, por mecanismo de poleas enroscadas.

En 1862, durante la guerra civil norteamericana, el Monitor, de la Marina de los Estados Unidos, había derrotado al Virginia de la Confederación en el primer duelo artillero entre dos buques movidos a vapor y totalmente blindados. Este combate tuvo lugar en aguas costeras pocos profundas y el Monitor después, iba a sufrir la misma suerte del Captain: trató de llegar a mar abierto y se hundió en un temporal. Parecía que estos diseños tuvieran que estar siempre limitados a la defensa costera y en aguas poco profundas. Estos acorazados norteamericanos llevaban torretas tipo Coles, y demostraron su utilidad e importancia en la guerra naval, a partir de ese momento.

El Monitor vs el Virginia. Ambos eran acorazados fluviales o de costas.

Sin embargo los inconvenientes del blindaje y el vapor no doblegaron la ambición de los diseñadores, los constructores de buques o las marinas de guerra. Estaba claro que las ventajas de un buque de guerra con máquina de vapor, planchas de  blindaje y grandes cañones eran demasiado grandes como para pasarlas por alto, por muchos problemas prácticos que hubiera para encontrar un equilibrio adecuado entre los tres factores. Un barco necesitaba el blindaje suficiente para protegerse de cañones de navíos enemigos, un casco lo suficientemente grande como para alojar las máquinas necesarias  para impulsarlos a velocidad suficiente y unos cañones lo suficientemente grandes para igualar o superar a los de países rivales. En las décadas de los 1870 a 1880 hubo una buena variedad de diseños y adelantos.

La colocación de cañones en aquellos navíos presentaba un problema especial, sobre todo hasta mediados de los años 70, en que los cañones y las torres tenían que situarse alrededor de todos los aparejos de mástiles y velas que aún llevaban casi todos los barcos de guerra. Los cañones tenían que ir bien protegidos, pero a su vez tenían que ir lo suficientemente altos en el casco sobre la línea de flotación como para que no se inundasen, haciendo hundirse al barco. Algunos navíos, como el Lufti Djelil turco, tenía unas amuras con bisagras que se podían bajar para dejar un buen campo de tiro a sus torres tipo Coles; otros, como el francés Caimen, llevaba los cañones (dos cañones de 420 mm!) en unos reductos blindados elevados llamadas barbetas. Otra solución, fue la del enorme acorazado francés Devastation, consistente en llevar el armamento principal en el centro del buque, en una batería central.

A pesar de estos avances, algunas marinas, como la francesa y la austríaca, creían aún en la utilidad del espolón de proa. Durante la Batalla naval de Lissa (julio de 1866), la flota austríaca, con su almirante Tegetthof, se sabía inferior a la italiana en artillería (numéricamente también), así que maniobraron para acercase a los italianos y utilizar sus espolones de proa, logrando hundir el austríaco Ferdinand Max al Re dItalia. El mejor buque de los italianos, el Affondatore (el hundidor), tenía espolón de proa, además de torres artilleras. El alcance de los cañones de la época era de más de 2700 metros. Esta fue la primera batalla entre buques en la era del blindaje de hierro, además que influyó, erróneamente, en la idea de la vigencia del espolón de proa como arma naval efectiva, en muchos diseños navales posteriores durante los siguientes 30 años. Algunos buques, como el confederado Stonewall, se construyeron específicamente para el abordaje. Este fue el último buque acorazado de hierro de la Marina confederada. Su cañón de 229mm iba a proa,  sobre el espolón, disparaba justo hacia delante del rumbo o dirección del barco.  El acorazado británico HMS Conqueror, botado en 1881, fue también producto de la mala interpretación de la batalla de Lissa de 1866, al llevar un espolón para hundir a otros buques acorazados, concentrando su armamento principal a proa, me recuerda al futuro Nelson de la IIGM.

Los inferiores barcos austríacos se lanzaron desesperadamente contra los italianos, para embestir  a sus buques con los esplones de proa. Los italianos eran superiores en artillería, pero maniobraron mal, perdiendo la batalla. Esto condujo a la idea errónea de que el espolón de proa podía ser aún útil en futuras guerras.

En 1887, Italia terminó su acorazado Lepanto, de Benedetto Brin, en ese momento el acorazado más grandes y potentes del mundo. Sin embargo, quedaron rápidamente obsoletos ante el desarrollo de los cañones de tiro rápido y granadas de alto explosivo. Su baja cadencia de tiro, de un disparo por minuto, de sus enormes cañones de 483 mm, y su escaso blindaje, los hacia incapaces de enfrentarse con acorazados mas modernos. Posteriormente se les colocó cañones de calibre inferior y tiro más rápido.

Fue la Royal Navy la primera Marina en dar un paso adelante en cuanto a la homogenización a tantos distintos calibres y distintas características navales diversas. En 1889, el Almirantazgo británico hizo un alto y encargó la construcción de una flota totalmente nueva de 70 buques, entre ellos ocho acorazados de primera clase normalizados. El buque insignia de esta flota  fue el Royal Sovereign, de 1892, y completado en apenas 42 meses, un record para la época.  Estaba inspirado en los acorazados italianos diseñados por Benedetto Brin, los cuales montaban cañones de 343 mm en barbetas que giraban sobre un pivote central, se podían cargar en cualquier posición de la circunferencia, con una cadencia de tiro mayor .Tenía el casco y los cañones de acero, con una placa de  blindaje de hasta 450 mm de grosor, y llevaba cañones de 343 mm de calibre. Con sus casi 16.000 toneladas podía alcanzar 16 nudos (casi 30 Km/h). Constituyeron una clase transitoria entre los acorazados de baja obra muerta y los verdaderos policalibres o predreadnought.

El Royal Soverign, la clase que le sucedería, la Majestic, añadiría las mejoras en el calibre (de 305 mm) y sus sucesores, clase Canopus las nuevas corazas Krupp, que protegían igual y eran mas livianas que las anteriores.

 

Gran Bretaña se encontraba e fines del siglo XIX, a la cabeza del diseño de los grandes buques de guerra. Mientras que los Royal Sovereign surgieron del Acta de Defensa Naval de 1889, los nueve clase “Majestic” se concibieron a raíz de la “Alarma Nacional” de 1893, una vez que las flotas francesa y rusa se unieron (en una hipotética alianza) para convertirse en una amenaza que la Royal Navy no pudiese afrontar. Contaban con un nuevo tipo de blindaje de acero, que permitía reducir las “cinturas” de 457 mm a unos 223 mm y en cubierta de 102 mm, siendo este nuevo blindaje igual de eficiente que el anterior. Adoptaron un nuevo modelo de cañón de 305 mm, más ligero que el anterior de 343 mm de los Royal Sovereign.  Los proyectiles disparados, más ligeros, tenían a su vez mayor capacidad de perforación, gracias al cañón largo de velocidad inicial de disparo de 732 m/seg frente a los 615 m/seg de los cañones anteriores. Con todo este ahorro de peso, las barbetas anteriormente abiertas podían tener ahora una cobertura acorazada, se podía  aumentar las carboneras y la capacidad de munición, a su vez de reducir la potencia necesaria para la maquinaria principal

Los choques entre la Rusia zarista y el Japón en el extremo oriente, en 1904, causaron el ataque de Japón, sin declaración formal de guerra, al escuadrón ruso en Port Arthur mientras éste descansaba en sus amarras. Destructores japoneses comenzaron el ataque utilizando torpedos, averiando a dos acorazados y a un crucero . Al año siguiente, la flota rusa del báltico se dirigió rumbo a Vladivostok, viaje que hicieron con problemas de reabastecimiento en su combustible de carbón, echo que obligó a sobrecargar sus buques con dicho combustible, los que los hizo poco maniobrables durante la famosa batalla de Tsushima, en la cual los japoneses hundieron seis acorazados rusos y capturaron dos, (solo tres buques de guerra escaparon) con la pérdida de sólo tres destructores.  En esta importante batalla, se demostró la superioridad en el alcance de los cañones de mayor calibre que equipaban a los buques de línea, que fueron decisivos ante que las armas de menor calibre entrasen en acción. Una ventaja de los nipones fue el poder recargar sus cañones montados sobre las torretas giratorias, lo que les daba mayor cadencia de disparos,(esta fue una innovación italiana, copiada por los británicos, que fabricaron los acorazados japoneses). La clase británica Lord Nelson fue la última de acorazados policalibre, estando obsoletos ya cuando entraron en servicio. La clase Duncan fue de los mas utilizados en distintos teatros, del Mar del Norte (bombardearon bases de submarinos alemanes, obligando a estos a buscar refugios en puertos mas alejados) y el Mediterráneo (en la campaña de Gallipoli, y en los varios bombardeos en los Dardanelos). De los cuatro escuadrones de la Royal Navy en la Gran Guerra estuvo formado por policalibres, al ser mas lentos que los acorazados monocalibres. Sin embargo, al estar los nuevos Dreadnought confinados a la defensa de las aguas territoriales británicas, tuvieron poca acción y hundimientos de barcos enemigos, si se les compara con por ejemplo, con los Duncan.

BIBLIOGRAFÍA

Acorazados: Steve Crawford. Editorial Libsa.

Acorazados y Cruceros. Editorial San Martin.

Enciclopedia Máquinas de Guerra.

Enciclopedia Armamento y Poder  Militar


Publicado por GaetanoLaSpina @ 16:07  | Historia
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