Martes, 08 de junio de 2010
EVOLUCIÓN DE BLINDAJES: Los primeros blindajes se hicieron de hierro forjado, emparedaros normalmente con tecas y los apropiados componentes con el objetivo de mejorar la elasticidad y resistir la fragmentación. Esta fase corresponde a los años de 1860 y 1880 y en este período fue posible encontrar dos capas de 305 mm de hierro forjado, aseguradas por detrás. Sin embargo, con nuevos cañones capaces de perforar incluso esta combinación, el siguiente paso consistió en reforzar el blindaje que, aunque mostraba mayor resistencia a la perforación, tendía a quebrarse bajo el efecto fragmentador de un disparo potente.

Por ello, de 1880 a 1890 el blindaje compuesto evolucionó. Ahora se hace de hierro cubierto con acero mas duro, vertido fundido o laminado al calor de forma que produzca una plancha mixta que, a su vez, podían también laminarse. A pesar de combinar las cualidades del acero  de romper el proyectil con la dureza del hierro, el lado duro tendía a descarrilarse de su sustrato si recibía un impacto, aunque pronto los tipos mejorados de proyectiles perforantes enfriados y cofiados lograron equipararse con el armamento compuesto.

El decenio de 1890 a 1900 fue el de los metalúrgicos. Primero, Harvey “carbonizó” la cara de la plancha de acero y níquel al enfriarla y recocerla hasta conseguir una superficie muy dura. A pesar de suponer un gran pasó adelante, este blindaje presentaba cierta tendencia a astillarse por dentro al ser alcanzado, deficiencia luego corregida por Krupp al restablecer la dureza mediante la adición de cromo. La plancha resultante de “cemento Krupp” o KC, se convirtió en el nuevo blindaje normalizado. Comparado con el hierro forjado, el KC podía ofrecer el mismo poder de protección con solo un cuarenta por cierto del peso, por lo que las obras muertas se aumentarían significativamente con escaso efectos sobre la vulnerabilidad

EVOLUCIÓN DE CAÑONES: Hasta los años ochenta, los grandes cañones se embarcaban por su capacidad “aplastante” y no por su superior alcance. Las cinturas y estructuras de apoyo a corta distancia eran destrozadas por cañones de calibre medio que atacasen simultáneamente la superestructura, mas blanda, y provocaran incendios además de mantener  una elevada cadencia de tiro para desmoralizar a la tripulación del buque contrario. Sin embargo, quedó claro para los ingenieros que, aunque la energía de un proyectil era directamente proporcional a su masa, también lo era a su velocidad al cuadrado. Es decir, los aumentos de velocidad inicial pasaron a ser de mayor importancia que los incrementos de calibre.

Se combinaron diversos factores para capitalizar los esfuerzos en esta relación. En 1890 la cordita sustituyó a la pólvora negra como propulsor. La cordita, de ignición lenta, producía gases de rápida expansión que aceleraba al proyectil a lo largo del cañón. Se obtuvieron de modo uniforme velocidades iniciales mas elevadas pero solo con cañones mas largos y que no “se inclinaran”. Así, las armas de fundición dieron paso a una construcción con tubos zunchados concéntricamente. Se añadió potencia hidráulica para manejar, cargar, apuntar e incrementar la potencia de tiro. De esta forma, a comienzos del último decenio del siglo XIX, el cañón naval británico normalizado de 305 aumentó de 35 a 40 calibres en longitud y la velocidad inicial de 640 m/seg a 792 m/seg. Un mayor poder de perforación y alcance se sumaron a una balística más consistente y menores molestias de humo. Ahora, en lugar de acabar con un adversario en un arriesgado combate a corta distancia, ahora existía la posibilidad  de destruir de modo científico. Esta posibilidad originó el inicio de los sistemas de tiro, la adquisición de blindaje horizontal y oblicuo más pesado que contrarrestase los proyectiles lanzados y un aumento en los calibres del armamento secundario.

Asi, a comienzos de 1890-1900 se produjo una etapa de mejoras fundamentales, de forma que se fabricó una nueva clase de buques de guerra muy marineros e incluso capaces de infligir y encajar, a la vez, graves daños. Era un período de preeminencia naval británica, La Royal Navy encabezó la marcha con HMS Majestic de 1895 y, mientras que la siguiente flota. La rusa, completaba el primero de los suyos en 1902, ya había puesto en servicio otros 17 y construido cuatro mas para su principal cliente, Japón, vencedor de los rusos en Tushima. El Fuji, fue el primer acorazado encargado a los británicos por la joven armada japonesa. Un “Royal Sovereign” mejorado, llevaba cañones de 305 mm de calibre 40 que, a causa de su mayor velocidad inicial, se convertían en armas más eficaces que los cañones de 343 mm de los navíos británicos.

HMS Canopus. Llevaba la coraza de concreto Krupp. Estuvo presente en el combare de las Malvinas de 1914, aunque como buque artillería fija en la costa,

La Clase Canopus, la última policalibre británica, junto a los dos Lord Nelson, fueron proyectados específicamente para operar en el Extremo Oriente. Montaban el nuevo blindaje Krupp, con su notable ahorro de peso que garantizaba las mismas características  de protección con solo dos tercios del espesor de las planchas Harvey, instaladas en los tipos Majestic. El Canopus estuvo presente en el combate naval de las Malvinas, de 1914, donde actuó como batería flotante, teniendo una actuación muy discreta en ese combate.

Desarrollo de los sistemas de dirección de tiro: Los sistemas de dirección de tiro se hicieron imprescindibles merced a las constantes mejoras de las prestaciones de los buques de guerra y los alcances sin precedentes conseguidos por las nuevas y potentes piezas de artillería naval. A finales del siglo XIX, las mayores unidades de guerra embarcaban grandes cañones en pequeño número, apuntados uno a uno. Las mejoras de las bocas de fuego y de las cualidades balísticas de los proyectiles, permitió a los investigadores afrontar el problema de la dirección de tiro desde un punto de vista científico y con mayores posibilidades de prever  correctamente la trayectoria. En síntesis, la exigencia de ser los primeros en golpear al enemigo requería un control de tiro centralizado en una específica estación de dirección.

 En 1891, Waltkins. Por medio de sistemas ópticos de precisión y del teléfono, modernizó el viejo método, empleado en los navíos de vela, de obtener las distancias a través de las mediciones de los ángulos horizontales entre las convergentes del blanco y la línea de base, de longitud conocida, constituida por el propio buque. Este sistema, válido solamente en determinadas situaciones y, mas concretamente, cuando la unidad enemiga presentaba la totalidad de su costado, fue reemplazada muy pronto por el telémetro óptico de Barr que, con una base de longitud de apenas 1,37 m., hizo posible que una sola persona midiese la distancia en cualquier ángulo.

TEXTO DE ENCICLOPEDIA MAQUINAS DE GUERRA.


Publicado por GaetanoLaSpina @ 16:10  | Historia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios